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miércoles, 30 de abril de 2014

Pain again

Hola, quiero compartirles esta entrada que escribí en agosto del año pasado en mi perfil de face. Busquenme como Ana Lucia Romero 

https://www.facebook.com/notes/ana-lucia-romero/pain-again/1408110512743318

You fat cow.

Yes, I´m fat again.  I cannot tell you that I didn´t know how the fuck this shit happened again. Of course I know how it started again!!

It started with my desperation. It started with the money, with my fears, with that lack of self-esteem it was supposed that I had. I really can say I HATE MYSELF FOR BEING FAT AGAIN.

I know about all those stupid advertisement campaigns about Ana and Mia… but what about us, the fat people? What about us, the ones that eat our fucking poor emotions because we cannot face the reality, our stupid sad reality about fat & shit? I feel bad, I feel so wrong, so stupid again.

I don´t know what the fuck is wrong with me, why I can´t stop thinking about all the food (junk one) that I like to eat.

Where the fuck is the princess, the bitch who felt sick with the simple idea of eating candies, fat & sugar? Where the fuck did she go?

I don´t understand.

Otra vez a llorar por los mismos viejos Dolores. Por el mismo dolor inconcebible de la primera vez. Por el horror de ver cómo los números suben y suben y saber que eso es solo la traducción en cifras del dolor, de la desesperación, de la frustración, de la insatisfacción, de los miedos, del terror, de todo. Del odio, de la agonía, del resentimiento, de la venganza, de la soberbia, de todo. De la inseguridad, de la falta de control, dela incapacidad, de la impotencia. Es fruto de todo eso y aún más.

Hay una imagen en el blog de una Princess que realmente me hace llorar. La veo y me siento mal, siento lástima, siento ganas de llorar y de desahogarme, de sacar ese maldito llanto lastimero y lastimoso que me he prohibido dejar aflorar desde hace muchos meses porque no me lo permito, pero a cambio me compenso, me recompenso con comida, me justifico, satisfago mis carencias de amor y de dulzura llenándolas con azúcar, con la miel de la autocomplacencia, de ese líquido asqueroso y viscoso que se cuela en mi ser en forma de un eterno ceño fruncido y de insatisfacción, de ira, de despotismo, de todo aquello que me mata y que me sirve como defensa.

Ya no hay bondad, ya no hay sacrificio, solo hay una asquerosa autocompasión, una cantidad inimaginable de sonrisas fingidas porque en eso me volví especialista, en sonreír y disfrazar mi dolor como si nada estuviera pasando. Me compré una capa de cinismo y me la volví a poner, me la puse encima de todo ese dolor, me la puse encima para volver a tapar la deformidad de mi silueta que si bien mi cuerpo está entero, mis piernas otra vez son gordas y me duelen los talones, todo el peso aplasta mis pies, mis manos, mi vientre, ese abdomen plano que jamás he conocido. Ya no uso mi ropa, mis pantalones me dejan marcas en las piernas, las blusas solo demuestran esa terrible gordura, mis brazos ya no son estéticos como antes… mi cara otra vez es redonda.

El terror a la báscula se ha vuelto algo permanente, algo perenne. El primer pensamiento del día no es ir corriendo a la báscula para ver cuánto bajé hoy, para ver que hoy soy más delgada que ayer. El primer pensamiento del día es no subirme en ella para no ver lo que engordé entre ayer y hoy y no subir a pesarme para no ver esos números que se ha convertido en una terrible y apremiante pesadilla.

Ya no hay esa sensación de triunfo, ya no hay ese gusto, ese placer, ese deleite. Lo único que hay es una vergüenza asquerosa de que la gente me vea y vea que estoy gorda otra vez, que solo fue una delgadez efímera, que regresé a mis viejos moldes de obesa, de gorda, de desesperada dándose un atracón. Que la gente nuevamente espera que la invite a mis parrandas de comida, de dolor, de ansiedad. Que la gente solamente espera verme caer para reírse, para burlarse y ver que el cambio no fue verdadero, que solo fue una prueba más de mi incapacidad y que al final el vicio me arrastró y me dejé caer. Me da miedo la burla de los demás, la silente crítica que yo supongo han de tener en sus mentes hacia mí, mi falta de aceptación generada por las suposiciones que hago en mi mente respecto a lo que creo que han de pensar.

Recuerdo las palabras de una tía y me duelen, me dan cuenta de su desconfianza para conmigo respecto a este propósito. Recuerdo las palabras de una amiga a manera de regaño, de reproche y me duele, mi autocomplacencia, mi dolor. Me justifico con las imágenes de antes, con la condición de antes, con los dichos de antes…ME REGOCIJO CON LA GRASA Y EL DOLOR DE ANTES.

¿Ir a pedir ayuda? ¿A dónde? ¿A dónde ya he ido antes?

No, solo es hacerle perder su tiempo a esa gente y además, ya sé que me van a decir:
“Deja de pelear contigo misma”, “Ya acéptate”, “Así estás bien”, “Busca otras cosas”, “Ya vete a escribir”, “Ponte en paz contigo”…

¿Volver a ir con mi nutrióloga?

No lo creo. No es para mí, ya le he demostrado muchas veces a cantidad de errores que he cometido y la única que sale perdiendo ahí soy yo.

No tengo autoconfianza. No confió en mí. Quizá puedo llegar a confiar de algún modo en los demás, pero no en mí y esa es la terrible y asquerosa realidad.

Quizá deje de anunciar las cosas con bombo y platillo y como bien dice mi padre, debería ser más pragmática y dejar de anunciar las cosas y solo limitarme a actuar, a hacer lo que me corresponde hacer.

Eso es lo que debo hacer. ya sé qué es lo que tengo que hacer y cómo es que lo tengo que hacer.

Besos Princesses. No dejen que se caiga su corona como yo dejé que se me cayera a mí. No avienten la corona tal y del modo que la aventé yo.

Ciao!!

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